En 1981 el director de cine John Huston filmó una de sus películas más famosas, ‘Evasión o victoria‘, en cuyo reparto partiparon actores como Michael Caine y Sylvester Stallone, y futbolistas como el mismísimo Pelé. Esta película se basa en hechos reales y en ella se cuenta la historia de un partido de fútbol en plena II Guerra Mundial entre prisioneros de campos de concentración y una selección de los mejores jugadores de la Alemania nazi.

Como suele ocurrir en estos casos, hay bastantes diferencias entre la historia que se cuenta en la película y la real. De lo que no estoy muy seguro es de si los cambios fueron para mejor, ya que lo que aconteció realmente es mucho más impactante y conmovedor de lo que John Huston recogió en su película. La verdadera historia aconteció así:

Todo comenzó cuando Josef Kordik, un panadero alemán residente en la Kiev ocupada por los nazis y un fanático del equipo de fútbol del Dinamo de Kiev, reconoció por la calle a Nikolai Trusevich, quien había sido portero del equipo de sus amores, y el cual vagaba moribundo como uno más de los muchos prisioneros de guerra que había en la ciudad.

El comerciante alemán pudo contratar al arquero para que trabajara en su panadería. Tras un tiempo, el panadero tuvo la idea de hacer lo propio con el resto del equipo. Finalmente, pudo encontrar a todos los jugadores y los contrató a todos.

Alentados por el panadero, los futbolistas decidieron volver a jugar. Al estar clausurado el Dinamo, crearon el FC Start, el cual comenzó a desafiar a equipos de soldados enemigos.

El 7 de junio de 1942 se estrenaron en su primer partido con triunfo. Las amplias victorias ante equipos húngaros, rumanos y alemanes se sucedían. El Start alcanzó gran popularidad.

Los alemanes, a los que no les hacía demasiada gracia este asunto y convencidos de su superioridad, prepararon a conciencia un equipo con miembros de la Luftwaffe, el Flakelf, para acabar con el FC Start. A pesar de ello, el Start los venció 5 a 1.

Posteriormente a este partido, los nazis descubrieron la maniobra del panadero. Desde Berlín llegó la orden de matarlos a todos, pero no querían que la última imagen de los ucranianos fuera una victoria, porque  matándolos así no harían más que perpetuar la derrota alemana. Por ello se organizó una revancha para el 9 de agosto en un repleto estadio Zénit.

A pesar del clima de amenazas, los jugadores no se acorbadaron, y prueba de ello fue su salida al campo,  en la que en vez de alzar el brazo y decir “¡Heil Hitler!” tal y como les ordenadon,  se  llevaron los brazos al pecho y gritaron “¡Fizculthura!”, un eslogan soviético.

En el descanso, los futbolistas del Start ya ganaban 2 a 1 a los alemanes. En los vestuarios aparecieron soldados nazis con la advertencia clara de que si ganaban el partido, no quedaba nadie vivo.

Los jugadores se plantearon no salir en el segundo tiempo, pero finalmente a pesar del miedo, salieron al campo. El Start ganó 5 a 3, e incluso se permitieron un gesto de burla hacia los alemanes cuando el delantero Klimenko quedó solo frente al arco sin portero, y en vez de tirar a gol, se dio media vuelta y pateó el balón hacia el centro del campo. Esto hizo que el estadio se viniera abajo.

Posteriormente al partido, el éxtasis y la emoción se adueñaron del pueblo de Kiev, y por ello, los nazis dejaron en paz por un tiempo prudencial a los jugadores del Start. De hecho, les dio lugar a jugar otro partido a los pocos días frente al Rukh, al cual ganó 8 a 0.

Pero la paciencia de los nazis se acabó, y la Gestapo visitó la panadería. Todos los jugadores murieron torturados o en campos de concentración a excepción de Goncharenko y Sviridovsky que no estaban en la panadería ese día, y que escondidos sobrevivieron hasta la liberación de Kiev en noviembre del 1943.

Hoy, los jugadores del Start son considerados como héroes nacionales en Ucrania y existe un monumento en Kiev que los recuerda.